UNA REVOLUCION INTEGRAL Y HUMANISTA

Los patrones por los que discurre la organización actual de la sociedad están ya caducos: no sirven. Otros nuevos vendrán a sustituirlos.
Se necesita un cambio; un cambio o ruptura con el sistema que informa la sociedad, sin importar tampoco _ en nuestro caso_ si quien lo informa es el franquismo o la monarquía: En definitiva, tanto uno como otro, son la esencia misma del capitalismo.
Para que exista ese cambio social, urgente y necesario, será preciso que se de un fenómeno colectivo; o sea, la implicación y participación de toda la sociedad en el proceso.
Lo que equivale a decir que será preciso que un sector importante de la sociedad sea consciente de la necesidad _justa necesidad_ de cambiar las estructuras sobre las que está asentado el sistema.
La toma de conciencia, o si se quiere de responsabilidad, va a dar lugar que sectores antes no preocupados tomen parte indisoluble en dicho proceso, sobre todo en lo concerniente, no ya a las relaciones de producción, sino a lo que afecta a lo más íntimo del hombre: su libertad y el derecho a su utilización. Ya no van a ser “los políticos” los hombres encargados de buscar las soluciones de respuesta a este periodo de tránsito sino que el pueblo será _y lo está siendo_ el que tome postura, una decidida toma de posición que va desde el planteamiento de la disolución de las bases sobre las que se asienta la actual sociedad, pasando por su resquebrajamiento, hasta el logro de una nueva sociedad basada en el bien común y en la justa distribución, gestión y responsabilidad de todos los niveles. Sin necesidad de minorías o vanguardias dirigentes, ni de políticos profesionales.
LA REVOLUCIÓN que queremos y la que España necesita es una revolución integral y humanista
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Como diría José Antonio “a nadie le pasará por la cabeza es supuesto de que la ‘Revolución’ apetecida por nosotros es la ‘revuelta’, el motín callejero y desordenado. La satisfacción de ese impulso a echar los pies por alto que sienten a veces, tanto los pueblos como los individuos. Nada más lejos de mis inclinaciones estéticas. Pero más aún de nuestro sentido de la política. La política es una gran tarea de edificación. No es la mayor tarea de edificar la que consiste en revolver los materiales y lanzarlos al aire después, para que caigan como el azar disponga. El que echa de menos una revolución suele tener prefigurado en su espíritu una arquitectura política nueva, y precisamente para implantarla necesitamos ser dueños en cada instante, sin la menor concesión a la Historia o a la embriaguez, de todos los instrumentos de edificar”.
Pero una revolución sin mínimo rigor teórico es estéril. Nosotros ofrecemos nuestra filosofía: el nacionalsindicalismo, frente a los otros intentos ya probados y con tan pocos resultados. Será necesario tan solo que sectores importantes de la sociedad tomen parte indisoluble en este proceso de cambio social que ya se aventura. Como algún sociólogo afirmó “el cambio social será más radical cuanto mayor es la violencia que genera el conflicto”.
La revolución solo podría detenerse parando la rueda de la historia, pero la historia no se detiene y rara vez involuciona.
La revolución es ya por tanto un proceso irreversible.
1 comentario:
Pues ojala se empiece a poner en marcha la revolución, por que veo las cosas de mal en peor.
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